ABOUT ME

Abáigar

[NADIE DIJO QUE IBA A SER FÁCIL]

La primera vez que recuerdo una cámara en mis manos, era una  Fentax con objetivo 2’8/50 de la marca Maybro, verde fosforito con un payaso en su interior. 

La pasión por la imagen se manifestó al ver, con 13 años, una fotografía de Robert Mapplethorpe. Me quedé embelesada, observando cada parte de ésa escena. Me resultó cautivadora, sucia y extrañamente atractiva.

Por aquel entonces sólo tenía una pequeña cámara compacta, que me metía en el bolso y sacaba todos los fines de semana. Salgo retratada en pocas fotos de ésa época. La época de los campanolos, las camisetas de licra, los tangas tirachinas y la gargantilla.

Zapatillas Reef.

Me amaba poco. Siempre me vi poco atractiva. Simpática pero no sexy. 

Con 18 años me fui con mis padres a Andorra y ahí me compré mi primera Canon, la 500D. 

Luego tuve un novio que adoraba y se lió con mi mejor amiga y más tarde otro del que prefiero ni hablar. Me tatué una especie de escopeta en el costado por él, con eso ya lo digo todo.

El último año de mi relación con el Señor X y el primer año que empecé a vivir, lo pasé en la facultad de Bellas Artes de Leioa. 

Volví a respirar aguarrás, a mancharme con acrílicos y a desesperarme con el barro.

Me sacudí del cuerpo las inseguridades, abrí el corazón a las nuevas relaciones que estaba creando con personas puras y di por finalizada la relación con mis amigas de hacía 9 años y el Señor X de 4. 

Jaime me enseñó lo que era la pasión y el deseo. Y me dejé llevar sin remordimiento. 

Empecé a mirarme al espejo con cariño.

En segundo tenía fotografía, qué decir, nunca apareció tutor alguno. No estudié foto. No sé nada de técnicas ni de iluminación. Pero me enfadé, y me enfadé mucho. Por lo que empecé a estudiar por mi cuenta fotografía.

Desempolvé la Canon, y organicé mi primera sesión de fotos.

“Un mismo lugar, diferentes hormigas” nacía en una época donde estudiaba de lunes a viernes en la facultad de Leioa y de viernes a domingo me pasaba dando comidas y cenas en el Tagliatella como camarera de salón. Donde dejaba de estar sola y un grupo de amigas empezaba a nacer y donde de locura, conocí a David y decidimos mudarnos a vivir juntos a los 15 días de conocernos.

Pobre mi madre.

Pasa el tiempo y la pasión por la fotografía crece, sigo estudiando y practicando. Aprendiendo edición en la pequeña pantalla de mi portail escacharrado. Dejé el restaurante, y me formé por mi cuenta, sin dinero pero con ilusión.

Fue la época oscura, mientras iba aprendiendo , se iban acercando a mi los Orcos. Ésos fotógrafos de ciudad pro que parecen que te dan una oportunidad, y te usan. Para todo. Pero te da igual, joder, estás con fotógrafos “de verdad”, en sesiones con make up y la gente habla que parece que entienden de algo. Y sonríes.

Hasta que te dicen que no vales para nada. Que mejor lo dejes. No les gusta cómo editas ni las fotos que hago. Y lloras. Y quieres dejarlo todo. No sales de la cama. 

Vuelvo a la ilustración. Aparece otro Orco.

Y David, viendo en el pozo autodestructor que me he metido, con los pocos ahorros que tiene me compra un ordenador con pantalla de edición y mi segunda cámara, mi Canon 5D.

Y me dice: “Sigue con tu pasión, eres buena, y algún día te reirás de todo esto”.

Les iban a dar por culo a todos.

Por más Orcos que apareciesen en mi vida, ya el daño no era el mismo. Iba disminuyendo. 

Y conocí a Carlos Lalastra. Y fue mi luz al final del túnel.

Queda algún Orco que empieza a opinar sobre lo que hago, haciendo críticas paternalistas inecesarias y creyendo que están dándome una lección de cómo tengo que hacer, cómo tengo que editar, o cómo tengo que pensar y les miro divertida, y contesto a matar. Sonriendo porque soy feliz.

Sólo dos personas tienen ése derecho. 

Ésa es mi historia, sigo trabajando y esperando que algún día alguien sepa ver lo que yo veo y quiera adquirir parte de la obra que realizo.

Espero ser la luz de alguien.

Tengo un marido que me apoya y me levanta del suelo cuando caigo, dos gatos de terciopelo que me dejan apachurrarlos mientras me los como a besos y ahora voy a ser mamá. Y da pánico, pero espero poder ser ése pilar en el que pueda apoyarse y enseñarle lo que sabemos.

Las situaciones ocurren por algo, siempre. Y las historias se van hilando solas. 

Soy quien soy por la fotografía. 

Soy fotógrafa.

Un saludo.

1985 · Vitoria-Gasteiz

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