MADRE

madre

EL TEMIDO OLVIDO

–  Disfruta, que se olvida.

Y yo no quiero olvidar.

Recuerdo el olor a hospital,

la dulzura del pasillo de maternidad.

El sabor de la hamburguesa,

el rojo del Kepchup en el camisón,

la mirada de la enfermera.

Recuerdo la última noche del ser dos y el día del empiece del tres.

El dolor recorriendo mi espalda,

el azote de la vida,

la fuerza del no gritar.

La suavidad de los dedos de mi hermana por mi frente intentándome ayudar.

Su mirar.

Quise besarla,

quise abrazarla,

quise tocarla y llorar.

La mano de mi madre en la espalda.

Volver a sentir ésa protección que sólo ellas pueden dar. 

Qué tienen ellas, benditas todas, que calman, que templan, que aman. 

Su presencia es la medicina de cualquier enfermedad.

Mi madre.

Fue mis piernas al andar,

mientras al oído me susurraba palabras bellas para poder respirar.

– Eres fuerte y valiente hija. – Y en sus ojos el miedo del saber por lo que voy a pasar.

Me hubiera hecho un ovillo para que pudieras abrazarme y no me soltaras jamás.

Recuerdo el calor, el alivio de la dulce droga en mis venas, su mano, la fiebre y  el malestar.

Recuerdo la vergüenza.

Y la sororidad.

El cariño de ellas, todas, mujeres.

El sonido del nacimiento.

La sensación de libertad.

Su calor.

Como bien decías abuela «Las lágrimas de felicidad».

Recuerdo ver a la matrona llorar.

Recuerdo tu mirar.

Y al salir, mamá, ahí estabas tú.

Elegante y sin dormir, con las lágrimas en los ojos, viendo a tu niña resurgir. 

– Mi niña con su bebé – te oí decir.

Tranquila mamá, todo irá bien. Eres mi ejemplo, mi guía y mi fe.

Ahora me toca a mi, ser por lo menos la mitad de lo buena madre que fuiste tú.

A ti te toca disfrutar, amar y malcriar.

– Disfruta, que se olvida.

¿Cómo es posible olvidar? 

ABÁIGAR

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