Biografía

Andrea Abáigar

NADIE DIJO QUE IBA A SER FÁCIL

 

La primera vez que recuerdo una cámara en mis manos, era una  Fentax con objetivo 2’8/50 de la marca Maybro, verde fosforito con un payaso en su interior. 

Me enamoré, perdidamente, de  Robert Mapplethorpe. La pasión por la imagen se manifestó, al ver con 13 años, unas de sus instantáneas.

Me quedé embelesada, observando cada parte de las escenas. Me resultaron cautivadoras, sucias y extrañamente atractivas.

Y supe, desde aquel momento, que quería ser como él. Quería ver ése mundo y poder realizar algo que rozase, aunque fuese con la yema de los dedos, una parte de su pensamiento.

Por aquel entonces sólo tenía una pequeña cámara compacta, que me metía en el bolso y sacaba todos los fines de semana.

Salgo retratada en pocas fotos de ésa época.

La época de los campanolos, las camisetas de licra, los tangas tirachinas y la gargantilla.

Zapatillas Reef.

Fotografía de Robert Mapplethorpe

 

Me amaba poco. 

Con 18 años me compré mi primera Canon, la 500D. 

En el amor tampoco tuve mucha suerte.  

El último año de mi relación con el Señor X y el primer año que empecé a vivir, lo pasé en la facultad de Bellas Artes de Leioa. 

Volví a respirar aguarrás, a mancharme con acrílicos y a desesperarme con el barro.

Me sacudí del cuerpo las inseguridades, y me di una nueva oportunidad. Tenía ante mi un camino nuevo, libre y blanco como un lienzo. 

Jaime me enseñó lo que era la pasión y el deseo. Me dejé llevar sin remordimiento. Y con él, aprendí a mirarme con cariño en el reflejo del espejo. 

En segundo tenía fotografía, qué decir, nunca apareció tutor alguno.

No estudié foto.

No sé nada de técnicas, ni de iluminación.

Pero me enfadé, por lo que empecé a estudiar por mi cuenta. Desempolvé la Canon, y organicé mi primera sesión de fotos.

«Un mismo lugar, diferentes hormigas» nacía en una época donde estudiaba de lunes a viernes en la facultad de Leioa y de viernes a domingo era camarera de salón.

Allí dejé de estar sola, y un grupo de amigas empezaba a nacer.

Conocí a David y nos mudamos a vivir juntos, a los 15 días de conocernos.

Pobre mi madre.

Autoretrato del día que fui libre.Serie Z

 

Pasa el tiempo y la pasión por la fotografía crece, sigo estudiando y practicando.

Aprendiendo edición en la pequeña pantalla de mi portátil escacharrado.

Dejé el restaurante, y me formé por mi cuenta, sin dinero pero con ilusión.

Fue la época oscura, mientras iba aprendiendo , se iban acercando a mi los llamados Orcos.

 

DEFINICIÓN DE ORCOS:

Ésos pro-fotógrafos de ciudad, que parecen que te dan la oportunidad de tu puta vida, creando un mundo de ego y autoadoración de sí mismos, mientras se pajean mirándose al espejo.

Te usan, para todo. Porque tú, humana y mujer, eres mierda.

Pero te da igual, joder, estás con fotógrafos «de verdad», en sesiones con make up y la gente habla que parece que entienden de algo. Estás seducida por los focos, por la actividad. Das tus mejores ideas, que luego se adjudican como propias, pero sonríes.

Hasta que te dicen que no vales para nada. Que mejor lo dejes. No les gusta cómo editas, ni las fotos que haces.

Lloras y quieres dejarlo todo.

No sales de la cama. 

Cambio de tercio y vuelvo a la ilustración… joder, y salen más Orcos.

David, viendo en el pozo autodestructor que me he metido, con los pocos ahorros que tiene, me compra un ordenador con pantalla de edición y mi segunda cámara, mi Canon 6D.

 

– Sigue con tu pasión, eres buena, y algún día te reirás de todo esto -me dice.

Me besa, me agarra de la mano y me levanta.

Les iban a dar por culo a todos.

Por más Orcos que apareciesen en mi vida, ya el daño no era el mismo. Iba disminuyendo. 

Conocí a Carlos Lalastra, fue mi luz al final del túnel.

Queda algún Orco que le da por opinar sobre lo que hago, haciendo críticas paternalistas innecesarias y creyendo que están dándome una lección de cómo tengo que hacer, cómo tengo que editar, o cómo tengo que pensar.

Les miro divertida. Contesto a matar.

Sólo dos personas tienen ése derecho. 

Autoretrato de la serie «En el lugar de los sueños».

En el lugar de los sueños

 

Ésa es mi historia, sigo trabajando y esperando que algún día alguien sepa ver lo que yo veo y quiera adquirir parte de la obra que realizo.

Espero ser la luz de alguien.

Tengo una pareja que me apoya y me levanta del suelo cuando caigo, dos gatos de terciopelo que me dejan apachurrarlos mientras me los como a besos y ahora voy a ser mamá.

Da pánico.

Espero poder ser ése pilar en el que pueda apoyarse y enseñarle lo que sabemos.

Las situaciones ocurren por algo, siempre. Y las historias se van hilando solas. 

Soy quien soy, por la fotografía. 

Soy fotógrafa y ahora, escritora.

 

«Ser mujer y madre es complicado. 

Ser mujer, madre y artista, no es imposible. 

El arte no muere, se adapta».

ABÁIGAR

Un saludo.

02/09/1985

 

One Comment

  • xmc.pl

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